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¿Cómo afecta el cambio climático a mi productividad?

¿Cómo afecta el cambio climático a mi productividad?

¿Cómo afecta el cambio climático a mi productividad?

02/08/2022
Lucía Tarragón

cambio-climatico-productividad

 

En lo que llevamos de 2022, hemos descubierto qué zonas de la Tierra serán inhabitables en 2100, las llamas han devorado media Europa y los termómetros de Reino Unido han superado los 40 grados. Sin olvidar, el “detallito” de que la totalidad de la población española está respirando aire contaminado, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). ¿Cambio climático o cúmulo de infortunios? Al final va a resultar que Greta Thunberg y la comunidad científica eran más realistas que alarmistas.

 

Las temperaturas extremas que estamos viviendo este verano son la consecuencia más clara, directa y evidente de que algo está cambiando. Y está cambiado para mal. Lo notamos en nuestro cuerpo, en nuestro estado de ánimo y en nuestro bolsillo. El ritmo de vida habitual está siendo alterado y en este contexto, lo justo sería explicar cómo afecta el cambio climático a la productividad y al rendimiento laboral. 

 

El calor, un círculo vicioso

Tal y como señalaba Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el cambio climático no causa las olas de calor, pero sí que provoca que estas sean “más recurrentes, intensas y duraderas”. Y como demuestran años de tobillos hinchados, mareos y sudores, las elevadas temperaturas tiene un efecto negativo en nuestro organismo. 

 

Desde el punto de vista científico, el calor provoca que nuestros vasos sanguíneos se dilaten y que la presión arterial descienda, dando lugar a la aparición de síntomas como el cansancio y la fatiga. La pérdida de motivación y la tristeza ocasionan un trastorno de la voluntad, que perjudica nuestra actitud en el trabajo. 

 

El estrés térmico es otra patología nacida de causas ambientales que ocasiona dolores de cabeza, náuseas, debilidad, fatiga y hasta síncopes en los trabajadores. Este fenómeno se produce cuando el cuerpo humano se ve sometido a temperaturas superiores a los 35°C y a una humedad elevada en el entorno laboral. Recordemos el trágico fallecimiento de un empleado del servicio de limpieza del Ayuntamiento de Madrid a causa de un golpe de calor a principios de mes.

 

Lejos de tratarse de un caso aislado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) pronostica en su Informe Trabajar en un planeta más caliente: El impacto del estrés térmico en la productividad laboral y el trabajo decente que el estrés térmico ocasionará en 2030 la pérdida de 2,2% de las horas de trabajo en todo el mundo, lo que se traduce en una pérdida de 80 millones de puestos de trabajo y un trastorno en la actividad económica y productiva de muchos sectores.

 

Pero, ¿y qué ocurre con la gente que trabaja en oficinas? Esas personas padecen la denominada incomodidad térmica, más vinculada con el uso indiscriminado del aire acondicionado en interiores y los cambios bruscos de temperatura. 

 

Las bromas sobre el control del mando del aire acondicionado no deberían tomarse a la ligera. El mismo informe de la OIT señala que el calor y el frío excesivo atacan el sistema inmune, provocando una baja de las defensas que favorece la propagación de virus, enfermedades y dificultades respiratorias. Distracciones a priori leves, que distraen al trabajador y dificultan el desempeño de la labor profesional.  

 

Cambio en el mecanismo del sueño

El impacto negativo del calor en nuestras horas de descanso es evidente. La imposibilidad de dormir por la noche las 7 u 9 horas que la Fundación Nacional del Sueño aconseja a los adultos, obliga a los trabajadores a recurrir a la siesta para compensar el déficit de descanso nocturno. Un insomnio y un trasnochar que perjudica la productividad laboral: reduce la concentración, la capacidad resolutiva a la hora de tomar decisiones y aumenta las pérdidas de memoria. 

Ante esta situación, muchas son las empresas que han abrazado la jornada reducida en verano y la flexibilidad del teletrabajo.

 

La pata energética y económica

No obstante, el hecho de trabajar desde casa trae consigo una carga económica que muchos hogares no pueden afrontar. “El calor expone la desigualdad”, repiten con fuerza expertos y sindicatos de trabajadores. 

 

  • Mala climatización del espacio de trabajo: la mayoría de infraestructuras de nuestro país no están preparadas para soportar olas de calor persistentes o abundantes precipitaciones. Y como la factura de la luz está batiendo récords históricos en nuestro país, muchos trabajadores prefieren soportar la anteriormente mencionada incomodidad térmica. ¿El resumen? El cambio climático provoca que trabajar desde casa o desde espacios no habilitados nos convierte en peores trabajadores. 

 

  • Calidad del aire: un reciente estudio de la Universidad de Harvard ha señalado que la mala calidad del aire en el espacio de trabajo daña la función cognitiva de los trabajadores. Entre los principales efectos, encontramos el aumento del tiempo de respuesta y la reducción de la capacidad de concentración. Para paliar el efecto de los agentes contaminantes que proliferan en la vía pública y garantizar el bienestar de los trabajadores, espacios de coworking como wayCO han implantado protocolos de ventilación y climatización en sus instalaciones.

 

  • Aumento del estrés: todos estos cambios presentan una vertiente psicológica que influye en la productividad. El bombardeo de noticias climatológicas negativas, la frustración ante el aumento descontrolado de la factura de la luz y la sensación de no poder hacer nada para remediarlo, generan frustración, depresión y apatía. 

 

Y ahora la gran pregunta: ¿cómo evitamos que el cambio climático afecte a nuestra productividad?

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Cristina Bonora

Cristina Bonora, ganadora de la beca wayCO 2022

  Cristina Bonora (València, 1987) sabe que es carnaza para estudios sobre la precariedad laboral en España: mujer, creativa, emprendedora y especialista en proyectos sociales y culturales. «Lo de madre